De New England a la pequeña Habana VI

Hacemos un resumen de cómo fueron las experiencias gastronómicas y paramos en lugares bien históricos
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FOTO 3No comíamos bien. Atacábamos al bogavante, que en algunos Estados del noreste es accesible, y Ensalada César. Sin pretender un informe pormenorizado, más bien contar experiencias, digamos que la buena carne es cara y no cocinan bien el marisco ni el pescado. Las opciones más socorridas son la planetaria pizza, en 2017 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (en Chicago inventaron la norteamericana), la hamburguesa y los restoranes etnográficos; la mejor relación precio-calidad, chinos, indios, tailandeses, mejicanos... En Arlington descubrimos el Thai Square, excelentes currys y platos con verduras, crustáceos o pollo y pagábamos unos 30€ por barba. Volviendo a la carne de res sorprende comprobar cómo han sabido cuadrar el círculo: los cortes de segunda los han picado y elevado a plato de culto: la hamburguesa, que lo mismo vale para la comida informal, el chiringuito, el restorán de postín o la dominical barbacoa. E inigualable ha sido la proeza de enganchar a todo el planeta; el mundo se relame con su peor carne (Fastfood, El lado oscuro de la comida rápida. Eric Schlosser). Y así se entiende que el cheesteak sea otra salida para esos cortes baratos. El pollo y el cochino, que se alternan con Macarrones con queso, tienen su reino en el sur; donde han catalogado como delicatesen a los millones, y baratos, costillares de cochino al horno-barbacue. Y el no menos sabroso pollo rebozado y frito, que -dicen- fue comida de esclavos; afirmación un tanto dudosa: el ave fue producto de gente principal y solo tras el dominio de la agricultura extensiva, bien entrado el XX, pasó a ser de masas. No obstante, se les permitía tener gallinas a la 


vera de sus chabolas y, al parecer, se hicieron expertos en su fritura. EEUU es joven, los países de los continentes más antiguos, Asia y Europa, atesoran las cocinas más sólidas; y de Europa, del norte, les llegó sus más relevantes culturas: cocina e idioma, pero sufrieron de metamorfosis. Igual que en nuestro Méjico, mas su cocina es, junto a la francesa y la japonesa, Patrimonio de la Humanidad. Nos gusta la sureña Souther cornbread, un pan de millo y trigo, que recuerda al cake. Tienen muy buena repostería y van mejorando la liturgia del expreso (¡incluso lo sirven en tazas!) y el aceite de oliva.


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¿Canarias norteamericana?


Salimos de Washington DC camino de Kitty Hawk con parada en Fredericksburg, Virginia, donde el ejército del Potomac fue machacado por el del general Lee en una de las más cruentas batallas de la Guerra de Secesión. Estuvimos sobre el terreno y visitamos un pequeño museo; y cuando vieron que éramos españoles nos ofrecieron un libro sobre nuestra participación, en la Guerra de Independencia, contra el inglés. Y "Oigo, patria, tu aflicción"... ¡Después nos la pegaron en Guam, Filipinas y Cuba! J. Hernández García nos cuenta, en La Invasión Frustrada de los EEUU a Canarias, que en 1898 estuvieron a punto, pero fueron disuadidos por los ingleses. ¡Qué cosas! Incluso, el celebérrimo Comodoro Perry estuvo días de escala en Las Palmas de G.C. y diole tiempo a liarse con isleña; de cuya relación nació un niño, del que nada se sabe de su descendencia. En la bellísima Williamsburg, aun en Virginia, que conserva un romántico barrio de tono rural, sin mácula desde el XVIII, decidimos -por aquello de seguir escarbando en la Historia- comer en una taberna de ese siglo y de nombre bien británico: The King's Arm. El comedor estaba a tope; era un infierno acústico; así que nos mudaron al solitario hall, en el entretenido tránsito hacia los WWCC, y valió la pena. No así la comida: tras las César, vino la Crema de maní: una maltrecha velouté con algo de mantequilla de esa legumbre, y un grotesco trozo de redondo de res cocinado en tintorro: "el estofado". Kitty Hawk, Carolina del N., es una alargada urbanización turística que dibuja el contorno de una playa inmensa. Queríamos pisar la arena en donde los hermanos Wright hicieron volar a su Wright Fyer, el primer avión de la Historia. Cenamos en el Sugar Creek Macarrones con gambas, vieiras y mejillones, algo tosco, y lomo alto a la plancha con langostinos, que no estuvo mal (81€). Y al día siguiente condujimos a lomos de nuestro Ford hacia Cape Fear (Cabo del miedo), donde nos llevamos un buen recuerdo. En el Seafood Cia vimos ciertos toques europeos;:por ejemplo unos langostinos en una salsa perfumada con azafrán sobre colchón de porridge. Si en su lugar le pusieran papardelle quedaría de cine. Pero lo british supera a lo mediterráneo. Y risotto con gambas y vieiras, de aprobado. Y continuamos bajando con ilusión hacia Charleston, Carolina del S., con fama de gastrónoma; y a Georgia, a la bella y la nostálgica Savannah.


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Plato del Sugar Creek



Texto: Mario Hernández Bueno

Fotos: Tania Aguiar