OPINIÓN: Año turístico extraordinario… ¿Por qué nadie aplaude?

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Casandra era una princesa troyana a la que Zeus le había otorgado el don de la profecía pero acompañado de la maldición que impedía que fuera creída. Su gran profecía, la destrucción de su ciudad, se cumplió a pesar de sus advertencias.


En este año que acaba de terminar, en el campo del turismo ha ocurrido exactamente al revés. La mayor parte de los medios, incluidos los profesionales, auguraron un año claramente negativo, especialmente después de publicarse los datos de julio con una caída del cinco por ciento. Teníamos que devolver los turistas prestados, unos tres millones. La profecía no se ha cumplido y hemos terminado el año con unos resultados extraordinarios tanto en número de turistas, con una ligera subida sobre el año pasado, como especialmente en ingresos totales, por turista, al menos un punto por encima de la inflación, y diarios, porcentualmente más elevados por la menor duración de la estancia. Pero la patronal y los sindicatos están callados. Al menos no lloran. Las autoridades tanto nacionales como regionales no han sufrido del “síndrome de San Ildefonso “, ya se sabe: más contento me pongo cuantos más millones canto, habitual hasta ahora y los medios de comunicación relegan la información positiva a las páginas más recónditas mientras que las negativas de julio competían por las del comienzo.


¿Porque no aplauden? Pues porque les da un poco de vergüenza reconocer que a mediados del verano no tenían ni idea de lo que iba a pasar –bueno los empresarios hoteleros y las compañías aéreas sabían bastante– y prefieren que su ignorancia sea ignorada en vez de aplaudir lo que ha debido ocurrir por casualidad, porque si la caída era culpa del Gobierno, lo cierto es que pocos le acusaron, también debería serlo la recuperación.


Lo cierto es que no todos nos apuntamos al carro negativo. Frente al consenso de que ese julio había sido el peor de los últimos diez años (falso, lo fue por el porcentaje de caída pero no por el número de viajeros) y anunciaba que el resto del año seguiría ese camino, algunos nos molestamos en mirar a las entrañas de las estadísticas, en vez de al vuelo de los cuervos, que nos anunciaban un final feliz.


Quien esto escribe publicó un artículo en el número 1261 de El Siglo en el que señalaba que julio había sido el segundo mejor julio de la serie histórica y mepreguntaba: ¿qué va a pasar el resto del año? Para comunicar lo que había visto en las entrañas, “una ligera caída en agosto y perspectivas favorables a partir de septiembre, una vez terminadas las vacaciones escolares“ por los viajes de una clientela de buen nivel de gasto, tendencia que “se acentuaría en los dos últimos meses del año con el cambio de programación aérea, lo que resultaría en cifras mucho mejores para Canarias, Benidorm y la Costa del Sol”. “Este año terminará en cifras de turistas y de ingresos muy similares a las de 2017”. “Éste será un buen año“ . Parece que, excepto en el caso de Canarias, me quedé corto.


Mejoraron las cifras totales y el empleo, se mantuvo la ocupación hotelera –gracias al turismo nacional–, pero cayó la duración de la estancia al fallar el segmento de familias tanto alemanas como británicas con estadías largas que se multiplican por cuatro de promedio y gasto por persona bajo. Hemos tenido resultados peores, en términos relativos, que alguno de nuestros principales competidores, como Turquía, con lo que perdemos cuota de mercado. La mayor parte de los que han dejado de venir se han ido en busca de precios más baratos, lo que ha afectado principalmente al alojamiento que estadísticamente denominan de “no mercado”, que son los que figuran como si hubieran venido a casa de amigos y familiares de forma gratuita –les pagaron localmente– y, en menor medida, al alojamiento no hotelero. Es difícil que vuelvan en los próximos años. Con la lira barata y la libra insegura seguirán optando por Turquía.


¿Cuáles son los augurios para este año que empieza? Los que leen el vuelo de los cuervos confían en que, aunque con retraso, la profecía se cumpla y anuncian caídas de hasta el veinte por ciento. Los que nos fijamos en las entrañas vemos pocos cambios. El turismo mundial crecerá a un ritmo superior al cuatro por ciento gracias al petróleo barato que va a permitir unos precios de los billetes aéreos realmente atractivos, a la evolución de la economía mundial, a pesar de las dificultades comerciales y al ajuste de precios del sector en España. Y el ‘Brexit’ ni lo menciono.


Texto: Ignacio Vasallo