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Sus hojas frescas, en forma de ensalada y guisos; secas como un ingrediente más en elaboraciones y como complemento de platos; machacadas como base de harina; en polvo como especies para platos, añadidos de salsas y batidos o como infusiones.Por ello, se puede afirma, que es el árbol de moda en las últimas décadas en países con escasos recursos y en los últimos años en los consumidores que buscan productos naturales para su alimentación.

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Algunas de ellas felizmente recuperadas como espacios museísticos, como es el caso de O Grove, en la comarca del Salnes pontevedrés, dónde se ha recuperado bajo el nombre de “Salgadeiras de Moreiras” una antigua fábrica, en el que se conservan los diferentes departamentos productivos y se documenta mediante paneles informativos su proceso productivo a través del método conocido como Berkey.

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CRUZ BLANCA DE VALLECAS 2

El más popular, desde luego, es el madrileño, pero no hay que perder de vista el maragato (que se come al revés) y cuya cuna es la Maragatería en León, y más concretamente la localidad de Castrillo de los Polvazares dedicada casi en exclusiva a servir este plato, el montañés y lebaniego, con pequeñas variaciones, de Cantabria, la olla ferroviaria (con alubias en vez de garbanzos), el de Lalín, que ha hecho de su cocido y su feria una fiesta reconocida como de Interés Turístico Internacional, el andaluz que incorpora calabaza y habichuelas, el cocido de pelotas de Murcia y Almería, el gallego que también lleva grelos, la escudella, la olla podrida, el rasol la berza gaditana, los pucheros andaluces o valencianos, el pote asturiano...

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En algunos sitios se comía hasta reventar.Tradición pagana de desenfreno, excesos carnales y festivos que el clero consentía a regañadientes en ocasiones y en otras con beneplácito, preocupándose más de las abstinencias y purificaciones que llegaban después con la Cuaresma y Semana Santa.En España la religión ya no tiene el peso de antaño, y unido a la no existencia de prohibiciones para comer lo que a uno le plazca, ha derivado en una importante pérdida de las costumbres y tradiciones gastronómicas, a pesar de ser esta una celebración que se festeja en todo el territorio nacional, y que en torno al mismo no son pocas las jornadas gastronómicas que se organizan.La rica culinaria carnavalesca está basada en platos y recetas singulares, de temporada, cuya ingesta está marcada en el calendario, e incluso parece obligatoria su degustación como algo ya tradicional y aceptado generalmente por todos, y que salvo excepciones se disfruta de año en año.

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