De New England a la pequeña Habana V

El bocado que enloquece a los filadelfios; el restorán italiano más antiguo de los EEUU; vino tinerfeño en la Filadelfia del XVIII y la mesa que primero oyó sobre el desarme nuclear
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En Filadelfia teníamos interés en catar y saber donde se hace su bocado más popular así como ver la campana que en 1776 dio la primera noticia de la Independencia; el calor, la muchedumbre y la cola resultaron disuasorios. Pues bien, lo que enloquece al filadelfio es un bocadillo: el cheesesteak, y los más prestigiosos se hacen en dos enormes chiringuitos, Pat's King Of Steaks (1930) y Geno's, frente a frente y rodeados de adictos. Estos los ordenan con o sin cebolla, frita o cruda, con o sin lechuga. Pagan y esperan. Después reciben un trozo, unos 20 centímetros, de una baguette de un pan tipo "bombón" lleno de delgadísimas lonchas de carne a la plancha a las que se les añade un puñado de virutas de queso Chedar. Compramos uno y fuimos incapaces de acabarlo; aparte de guarrillo: el típico bocado canalla -que diría el francés- queríamos reservarnos para el italiano más antiguo de los EEUU.


Cogimos la adyacente calle 9, que fue barrio italiano; hoy en manos de los mexicanos, que tienen, ocupando parte de las aceras, destartaladas fruterías. Y abarrotes, cantinas, tintorerías, pensiones, ferreterías... Son ese tipo de calles o barrios marginales llenos de vida, y algo de mugre, a donde van a parar los desorientados inmigrantes para arroparse los unos con los otros. Son pequeños universos dentro de las ciudades más grandes. Y ahí están los genuinos restoranes étnicos. Nos fascinan. Y mientras caminábamos recordamos los nexos entre Filadelfia y Tenerife: en la segunda mitad del XVIII hubo un fluido intercambio, los tinerfeños, en especial los Cólogan, bodegueros de origen irlandés, enviaban vino desde el Puerto de la Cruz y recibían, a cambio, duelas de roble para armar barricas. Y sabemos que los padres de la patria celebraron con ese vino y en esa ciudad la Independencia y se firmó, en 1787, la más antigua Constitución del mundo.

El restorán es Ralph's, que fue fundado en 1900 por el matrimonio napolitano Francesco y Catherine Dispigno. No es menos cierto que hubo otro más antiguo en California, Flor D'Italia, que se abrió en 1886 y cerró en 1986. El Ralph's fue comedor de alguna categoría aunque resulte hoy un espacio algo gris, austero, del que sobresalen fotos sepia de sus fundadores y de aquellos tiempos. Allí comieron T. Roosevelt, Sinatra, Sammy Davis Jr., Jimmy Durante, Tony Bennett, Danny de Vito... John Biden... la Cosa Nostra local y al paso. Tomamos la Ensalada Mediterránea, con carne de cangrejo; Linguini con albóndigas, en un mar de tomate frito industrial, y Tagliatelle Alfredo's. Ninguno superó el aprobado. Después condujimos hacia Arlington. Washington D.C. está intratable en cuanto a hoteles pero el trayecto entre ambas es bien corto: se cruza el río Potomac y se contemplan, al paso, célebres edificios de oficinas como el Pentágono y el Watergate. En aquella se ubica el Cementerio Nacional, donde yacen millares de militares; es un alarde de meticulosidad la disposición de las infinitas cruces blancas sobre un césped muy verde. El silencio, el recogimiento... Nos detuvimos ante la de Kennedy.


El almuerzo fue en Washington DC; tras admirar la ciudad nos dirigimos al hotel Willard Intercontinental, de 1856, a metros de la Casa Blanca, el más antiguo y orgulloso representante del lujo de una vieja escuela. Y sería en su restorán Continental, cuyas paredes están cubiertas de fotos de senadores. Nos contó su amable chef ejecutivo, Luca de Marchis, que allí han comido desde 1900 todos los presidentes excepto Trump y que en una de las habitaciones Martin L. King redactó I have a dream... ¡Historia en catarata! Nuestro magnífico camarero: Cris, de origen cubano, y la joven y dulce azafata venezolana al decirles que éramos de Españ nos acomodaron en el lugar preferente; una placa de bronce lo acredita: "En esta mesa, durante el tenso período de la crisis cubana (octubre 1962), se ofreció por parte de Rusia la retirada de misiles de Cuba. La oferta fue comunicada por un misterioso ruso, el Sr. "X", al corresponsal de la cadena de televisión ABC John Scall. Gracias a esa reunión se evitó una posible guerra

nuclear". Tomamos Ensaladas César, hamburguesa y entrecot; estos últimos cocinados con una selecta carne que traen del cercano valle de Shenda. Con agua y cerveza. 115€. Y salimos hacia el sur por Fredericksburg y Williamsburg, Virginia, donde surgió la llamarada de la Guerra de Independencia, o pararíamos en la playa donde se realizó un ancestral deseo del hombre: dominar el cielo.



Texto: Mario Hernández Bueno

Fotos: Tania Aguiar