Viaje a Madagascar: entre el turismo de aventura y la pobreza máxima

|


Según el Banco Mundial, el diez por ciento de la población Mundial vive por debajo del índice de pobreza señalado actualmente en 1,80 euros al día. Hace menos de dos décadas la cifra alcanzaba el cuarenta por ciento. La mejora ha tenido lugar especialmente en Asia Pacifico, mientras que una gran parte de la población africana en Burundi, Gambia, Nigeria, Zambia, Guinea sigue por debajo de esa cifra. En Madagascar el ochenta y cinco por ciento de la población no alcanza ese modesto umbral.


No es la mejor manera de comenzar un artículo de viajes, pero resulta que en este caso la pobreza es una de las características más notables de la enorme isla del mar Índico (un tamaño similar al de la península Ibérica.



Lo que al principio parece genuino, las jóvenes que arreglan las intransitables carreteras para pedir unos céntimos a los conductores, las barreras con troncos que interponen en las pistas del Oeste, sin la menor agresividad, para exigir un peaje de un euro por coche; los jóvenes que aprovechan ese parón para ofrecer cocos, que preparan, a veinticinco céntimos la unidad, o el tendero de una aldea olvidada que vende una botella entera de un magnifico ron a setenta y cinco céntimos, todo ello bajo la mirada de jóvenes mujeres con un hijo al brazo y varios alrededor, provoca el amargo reconocimiento de como es la vida en tantos lugares.


Esos son los que viven por debajo del nivel de los dos euros por día pero es que gran parte de la población esta simplemente fuera de la economía monetaria. Y los que consiguen algunos de los pocos trabajos remunerados ganan entre treinta y cincuenta euros al mes.


Hay unos pocos puestos de trabajo en las actividades más duras como la extracción de oro, otros minerales y zafiros y, especialmente, en el sector servicios relacionados con el turismo: camareros, chóferes, guías, empleados de aeropuerto que se benefician de un sistema educativo en el que los escolarizados terminan sus estudios elementales con un magnifico francés, mientras que los que no han ido a la escuela esperan pacientemente en los hoteles de las áreas menos desarrolladas la llegada de algunos turistas para llevarles y recogerles el equipaje a sus habitaciones para llevarse

veinticinco céntimos cada vez.


En la capital Antananarivo, alias Tana, desde que por allí pasaron los franceses, como en cualquier gran aglomeración, hay de todo. Es el centro administrativo y político del país, su centro geográfico. Alrededor viven la mayor parte de los merina, la tribu dominante, cuyos rasgos faciales denotan todavía su origen indonesio y malayo com descendientes de los primeros pobladores de la Isla hace solo dos mil años. La capital tiene poco interés pero es el principal aeropuerto del país y las comunicaciones aéreas son radiales. Hay algunos hoteles de apariencia europea como el recién inaugurado Suites Tomboho y aceptables restaurantes de comida local (cebú, gambas y langostinos ) acompañados de arroz.



Madagascar de norte a sur


Viajar por Madagascar no es fácil. Es necesario contratar una agencia local para ir a ciertos lugares. Travellers of Madagascar tiene servicios en español, pero los que se lancen a la aventura se verán gratificados por las experiencias más inauditas e inolvidables.


El país se divide en cuatro regiones más el área de la capital. Parte del norte estádesarrollada turísticamente, cerca de doscientos mil turistas al año visitan Nose By y Diego Suarez. Es el índico para europeos, incluso con algunos vuelos directos y, lógicamente con precios acordes. En el este, especialmente en la parte septentrional, se cultiva la preciada vainilla y se talan las maderas de alto valor como el palisandro o el palo rosa ante la preocupación por lo acelerado de la deforestación de diversas organizaciones mundiales que intentan proteger el bosque tropical con ayudas propias y de algunos gobiernos. En sus aguas se concentra la mayor parte de la pesca industrial en manos de los chinos que han acaparado las licencias en su intercambio por obra pública, pero que, en ningún caso utilizan mano de obra local.


El sur es la tierra del oro y de otros metales como el níquel, el cobalto o el titanio y de los zafiros, con Tulear, en la parte occidental como capital de las piedras, y también de los increíbles paisajes con la inabarcable flora endémica. Y en el oeste dominan la sabana y las maravillosas playas vírgenes. Es el reino de los infinitos y variados baobabs. Seis de las ocho variedades conocidas solo crecen aquí. En ningún lugar hay grandes animales, algunos pequeños felinos invisibles, tortugas

en la costa, y, especialmente los famosos lémures de los que existen más de cien especies y que se pueden observar, acomodados verticalmente a los árboles, y también escuchar en varios parques nacionales.

La magnífica y barata cerveza local se bebe fría allí donde hay electricidad que alimente la nevera, es decir los sitios turísticos, y el magnífico ron especiado en cualquier lugar.


La mezcla de religiones, cristiana, musulmana y animista, produce un saludable sincretismo y permite mantener alguna tradiciones llamativa como la famosa famadihana o exhumación, unos siete años después del fallecimiento, de los restos

del familiar difunto, a los que se les ponen sabanas limpias para bailar y beber con ellos antes de enterrarlos de nuevo.


Los chinos están a lo que sacan pero no participan en la disputa geoestratégica donde compiten americanos y rusos, mientras la antigua potencia colonial y el resto de la Unión Europea son meros observadores.


Desde España el viaje con Ethiopian Airlines- tres veces a la semana con parada en Addis Abeba es cómodo sobre todo por la calidad de los aviones de última generación.


Al regreso prevalece la sensación de haber conocido lugares no contaminados por el turismo y en los que todavía se puede practicar eso tan manido, y en general falso, del turismo de aventura.


Texto: Ignacio Vasallo