Un viaje a Albania, donde los pobres conducen Mercedes

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La historia de Albania va unida a la del Imperio Otomano hasta la Independencia en 1912. Fue invadida por las tropas de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial y quedó aislada del resto del mundo tras la victoria del peculiar comunismo de Enver Hoxha .


Incluso hoy día, treinta años después de la caída del régimen, hay muchos motivos para sorprenderse en un viaje a un país geográficamente cercano pero intelectualmente alejado.


Lo primero que nos sorprende es la cantidad de Mercedes que circulan por las carreteras y las calles de las ciudades, pero no Mercedes viejos como en Oriente Medio, sino relucientes como si acabaran de salir de la fábrica .Puesto que la renta per cápita es muy modesta los locales buscan distintas justificaciones y los turistas piensan que a lo mejor no vienen de las fabricas sino de las calles de Europa.


No menos sorprendente es la profusión de banderas americanas, lo que deja en mal lugar a los encargados de la propaganda oficial durante tantos años.


Pero no intente hablar con los nativos en la lengua franca del resto de Europa. Allí el idioma para comunicarse con el extranjero es el italiano, el de la televisión que podían ver durante los años del aislamiento.


El país es pequeño, más o menos como Galicia. En él viven tres millones de habitantes .Otros tantos albaneses lo hacen en lo que algunos llaman la Gran Albania, es decir zonas limítrofes de Macedonia, Serbia, Kosovo ,Grecia y en Estados Unidos Y Europa.


La población está concentrada en la estrecha franja costera, el resto del país parece remoto.




Aunque la mayoría de la población es musulmana sunita y los minaretes de las mezquitas destacan en los lugares más variados, la gente bebe alcohol en público, sobre todo cerveza orujo y aguardiente de ciruelas, como en otros países de los Balcanes.


El turismo es escaso. La inmensa mayoría de los cinco millones de turistas que viajaron al país el pasado año eran albaneses residentes en los países vecinos, griegos y serbios y algunos italianos. Se llega al aeropuerto internacional Hermana Teresa, estratégicamente colocado entre Tirana y el puerto de Durrës- cuarenta kilómetros las separan- desde el que hay comunicación con Trieste y Bari al otro lado del estrecho de ese nombre que separa al Adriático al Norte de Jónico.

El turismo se concentra en la llamada Riviera Albanesa, los cien kilómetros de costa del sur, desde Durrës a la frontera griega. Las numerosas playas son bonitas, algunas calas espectaculares y el agua fantástica. El alojamiento y los restaurantes son baratos, pero la calidad no es de nivel internacional. Todavía quedan construcciones claramente ilegales pegadas a la costa lo que da una sensación de divertido desorden atenuado por la simpatía y amabilidad de los locales. Las cadenas internacionales han preferido quedarse al margen.


La actual Tirana fue fundada en 1.614 y solo adquiere importancia tras la independencia, pero el lugar tiene una rica historia. Algunos de sus principales edificios como el Palacio Real, los Ministerios y el Ayuntamiento son de la época mussoliniana. Hasta los años sesenta solo había una gran Avenida.


Lo más interesante de Tirana está alrededor de la renovada plaza Skanderberg: el Palacio de la cultura, El Museo Nacional de Historia, la Mezquita Et ´hem Bey y la Torre del reloj.


El omnipresente Skanderberg, cuya estatua preside la plaza es el héroe nacional, jefe de la larga rebelión contra los turcos en el siglo XIV que aunó a albaneses, búlgaros, serbios, y rumanos.


Para recorrer el país es conveniente alquilar un coche a pesar de las carreteras y comprarse una guía tipo Lonely Planet .

Al sur de Tirana , en el interior entre dos ríos destaca Berat, llamada la ciudad de las mil ventanas .


En la Riviera el lugar más apreciado es Ksamil , frente a las Islas Gemelas y ya casi en la frontera el Parque Arqueológico de Butrinto con ruinas griegas .


También en el sur, pero en el interior, es muy visitada la ciudad de Argirocastro, lugar natal de Hoxha en un valle con Iglesias bizantinas y un castillo.


Hacia el norte la costa es más abrupta y las playas de guijarros, aunque existen muchas joyas que descubrir.

Shköder, ya cerca de Montenegro, es la capital cultural del país; de ambiente cosmopolita, cervecerías a la orilla del lago y cercanía al Castillo de Ruzafa , una de las grandes atracciones de Albania.




En mi primera visita al poco de la caída del comunismo un grupo inversor me contrató para asesoralres en el desarrollo de un resort turístico aprovechando algunas de las playas vírgenes de la Riviera, lo que hubiera llevado orden a la industria turística y habría posibilitado la llegada de los turoperadores.


Conseguimos una cita con el Primer Ministro Fatos Nano , un antiguo jefe comunista que acababa de ganar las elecciones . Nos recibió en el hall de uno de los principales hoteles de Tirana , sentado , con una mesita delante y un guardaespaldas detrás , fumando un pitillo y con una ginebra con tónica . Pensé en Coppola.


Nos proporcionó un helicóptero del ejército con el que recorrimos la costa y comprobamos que había varios lugares que nos podrían interesar y así lo explicamos al Ministro de Turismo que nos acompañaba. Las dificultades aparecieron inmediatamente y un par de meses después cayó el Gobierno acusado de corrupción.


No volvimos a intentarlo. Todavía hoy día no hay un resort de categoría internacional. Haciendo de la necesidad virtud la promoción del turismo se hace con el eslogan “ Albania your own way”



Texto: Ignacio Vasallo