El primer parque temático del marmol

Entre magníficas comidas y amigos asistimos en Alentejo a un curioso parque temático turístico-industrial
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Arroz con pato en Granja Velha



Cada día nos gusta más Portugal. Es entrañable. Deseamos que Lisboa no pierda esa decadencia que la hace distinta y humana. Proclive a la nostalgia. Solemos movernos por allí y Alentejo. Admiramos su Historia, la conquista de los mares lejanos y de Asia; sus pueblecitos; la limpieza de las calles; y más nosotros, que Las Palmas de G.C. es una ciudad sucia. O las filigranas de las aceras; recuerdan a las del imperial puerto de Ostia: puzles de cachitos de mármol de varios colores; costumbre que adoptaría Río de Janeiro. El mármol es producto que hace famoso al país, a Alentejo. Una región que nos encanta. Allí hemos tenido encuentros excitantes con sus alimentos y cocina.


Y se come en Lisboa cada día mejor; los figones y casas de comidas, que antaño mirábamos por encima del hombro, hoy son felices descubrimientos o el contrapunto a una cocina pública cada día más refinada, vanguardista. Nos deletia deambular por el centro, saltar de plaza en plaza, y al toparnos con uno de sus pequeños y vetustos restoranes leemos su minuta. Se nos abre el apetito. Entramos. Esta vez sería a Granja Velha. Hasta la bandera. Y, mientras aguardamos, veíamos a los comensales, oficinistas, almorzando la cocina casera de sus hogares, que les quedan a trasmano.


Pedimos media del Arroz de pato, que recuerda al Arroz a la Zamorana, suelto, seco, sabrosón, con trozos del ave, panceta y chorizo. Y otro guiso no menos típico y alentejano: Porco na'cataplana con almeijoas: logro de la Cocina burguesa que, con probabilidad, surgió tras la observación de alguna cultura asiática. Se mezclan trozos de carne de cochino, previamente adobados, con un sofrito y se añaden, casi al final, las almejas con sus "castañuelas". Lleva, cómo no, cilantro; Portugal es el único país, de los europeos que chuparon de Asia, que supo dar valor a esta yerba versátil. Hoy en boga en las cocinas modernas y de fusión. Y fueron lusitanos quienes la llevaron, hace siglos, a Canarias. Pudim flan, vaso de clarete, botella de agua mineral y café. ¡Ah!, la cultura del café. Con Italia le dan clases al resto del planeta. Y el dueño del figón, pantalón negro y camisa de blanco amarfilado arremangada, sobado mandil al hombro y muchos años en el puesto de vigilancia, tantos como el mobiliario, siquiera revisó las comandas: cerró los ojos, murmuró los insumos y sentenció sin contemplaciones menos de 30€.


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A la derecha plataforma de cristal grueso 


Volver a Alentejo suponía gozar del Hotel & Spa Marmoris: el lujo envuelto en mármol. El amigo Antonio Albes, el patrón, que ha hecho de esa piedra su vida, se empecinó, primero, en dotar a la región de un hotelazo (adherido a a la Small Luxury Hotels ol the World) a fin de premiar al turista culto, que decide visitar Vila Viçosa por mor de su Historia y otras cosas. Y lo dotó de la cocina de una gran ciudad al fichar al talentoso chef Pedro Mendes. Con lo que le da al turista gastrónomo tal tirón que le obliga a hacer parada y fonda.


Por último, el pasado junio terminó un proyecto, que se encuadra dentro del nuevo nicho de turismo: "industrial"; rehabilitó la zona de Pedreira D'El Rey de Vila Viçosa valiéndose de de las canteras de mármol más antiguas de Alentejo y creó el primer parque temático del mármol del mundo. Tres años de trabajos y una inversión millonaria. Además, instaló una plataforma o balcón cuyo piso es de vidrio muy grueso. Un mirador con capacidad para 50 personas desde el que se contempla, debajo de los pies, el "show", la riesgosa actividad extractiva a 150 metros de profundidad. O se puede cenar, hasta un máximo de 20 personas sentadas, en otra plataforma que se eleva con una grúa gigantesca a más de 50 metros; amen de incorporar elementos etnográficos alentejanos: un ahumadero para embutidos y quesos, una bodega con caldos de la tierra, un horno de leña, un bar con "picoteo" y salón de conferencias para 150 personas.


Y compartimos con Antonio, su familia y amigos un coctel-cena, que culminaría con la actuación de la fadista más guapa y más en boga, Ana Moura, acompañada de su pequeña y joven orquesta. De la que aun no hemos salido de la fascinación que nos causó el virtuosismo del joven guitarrista, de la guitarra portuguesa.



Texto: Mario Hernández Bueno

Fotos: Tania Aguiar