El atún en la historia, la literatura y el arte

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De ningún otro pescado se ha escrito tanto como del atún. Ya el filósofo presocrático Anaxágoras , que entre sus múltiples investigaciones estudió la respiración de los peces ,describe a los atunes que se vendían en el mercado ateniense en el siglo V. AC. En la misma época el dramaturgo Esquilo, que había luchado en Maratón y Salamina escribía que la pesca, captura y agonía del atún era como una batalla contra los persas.


El historiador y geógrafo Estrabón que pudo viajar extensamente gracias a la paz romana en el siglo anterior a Cristo, denominaba a los atunes los cerdos el mar.


Por supuesto el atún es citado profusamente en la literatura latina, pero algunas de las menciones más interesantes las encontramos en la literatura en español.


La segunda parte del anónimo” el Lazarillo de Tormes”, nunca bien valorada, está casi toda dedicada a las aventuras de Lázaro con los atunes.


Durante su viaje a Argel, Lázaro naufraga y se oculta en una cueva donde se transforma en atún. Al salir fue hecho prisionero por los atunes, pero consigue entablar amistad con el capitán de estos, Licio, al que intenta liberar cuando a su vez también fue capturado . Lázaro consigue ascender y llega a privado del rey de los atunes y se casa con la linda Luna , tras aprender el atunés


Fue encargado de la importante misión de proteger, con su ejército de dos mil soldados a quinientas mil atunas “que se hallaron preñadas “, en su viaje a desovar en el interior del Mediterráneo. Al pasar por “Conil y Vexer , lugares del Duque de Medina Sidonia, fui avisado del peligro y como allí se solía hacer daño a los que cruzaban por ese lugar”.


Le pescaron con las redes humanas y vió su vida en peligro cuando otros peces le rodearon “ ganosos de saber a qué yo sabía “ . Como al principio, se refugia en una cueva y muda en su ser humano original, cuyas siguientes aventuras tienen menos interés.




Cervantes narra las andanzas de dos caballeros burgaleses Diego de Carriazo y Tomas de Avendaño en “La Ilustre Fregona” una de sus novelas ejemplares . Desde el comienzo Carriazo quiere ir a las almadrabas y termina en la Zahara donde se gradúa de maestro en el “finibusterrae “de la picaresca .A los nuevos se les avisaba “ no os llaméis pícaros sino habéis cursado dos cursos en la Academia de la pesca de los atunes.”


“Aquí se canta, allí se reniega, acullá se riñe, acá se juega y por todas partes se hurta “. “allí van muchos padres principales a buscar a sus hijos y los hallan; y tanto sienten sacarlos de aquella vida como si los llevaran a dar la muerte”.

En Zahara siguen recordando a nuestro gran autor con una calle y un colegio público. Sin duda conocía bien todos los asuntos relacionados con el Mediterráneo en el que pasó veinte años navegando.


Rafael Alberti en su mítica obra “Marinero en tierra”, del inolvidable 1.927, dedica un canto a los pescadores de las almadrabas.


En la trilogía “A la izquierda del sol “, de Alfonso Grosso publicada a comienzos de los sesenta , las desventuras del protagonista sirven para describir la dureza de la pesca del atún en esas mismas pesquerías.


Diversos grabados representan las antiguas almadrabas desde el S XVII pero hay dos obras que destacan y que tienen mucho en común: La primera es “La pesca del atún” de Sorolla , el ultimo de sus trabajos para la serie “ Vision of Spain “ , pintada en 1.919 para la Hispanic Society de NuevaYork donde se exhibe . Es una de sus principales obras, de gran tamaño 349X485 centímetros y llama inmediatamente la atención por el realismo de un impresionismo maduro y colorido. La pintó en Ayamonte cuando todavía pasaban por allí los atunes.


Casi 50 años después, Dalí creó “La pesca de los atunes “, para algunos expertos su última gran pintura, también de gran tamaño 304x404 centímetros, que se expone en la Fundación Paul Ricard en la Isla de Bendor en la Provenza francesa .

Es una obra compleja y llena de color que el mismo pintor describe “mi padre, cuando yo era niño, me explicó que el mar Mediterráneo se volvía rojo de la sangre de las victimas de esos monstruos marinos que son los atunes “.

Se mezclan los colores rojos y verdes con un fuerte azul cobalto, un hecho real con un relato cósmico y lo figurativo con lo abstracto, pero sin escaparse del surrealismo.


El Marqués de Púbol creía que se trataba de una obra definitiva “la era de acuario, verá la desaparición de las violencias sanguinarias. Por el momento acabamos de asesinar al pez”.


Seguro que ese maravilloso animal será fuente de inspiración en el futuro para muchas más obras de arte y literatura



Ignacio Vasallo