Cusco – Puno. Railes de Altura y de Leyenda

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A unas dos horas de viaje aparece un pequeño lago que da nombre a la ciudad de Urcos, para unos simple lugar de recreo o de fin de semana y para los màs, secreto lugar en el que los antaño caciques del imperio escondieron el ansiado tesoro de los incas ; toneladas y toneladas de oro que los conquistadores buscaron infructuosamente para dotar a sus Iglesias de toda clase de ornamentos sagrados .Y mientras el tren traquetea por un duro carril casi centenario, aparecen las pequeñas comunidades de Cusipata, Checauoe, Raqchui y San Pedro, con restos precolombinos y el gran templo de Viracocha, anuncio de que el tren llega a Sicuani, una de las grandes estaciones del itinerario: un importante centro comercial donde aun se pueden ver grupos de mujeres “aymaras” con su tipico sombrero en forma de hongo transportando sus mercancias de un lado a otro de la ciudad a la espera de un comprador , y primera estacion del ultimo tramo construido de la linea Puno- Cusco, inaugurada oficialmente en l908.


Con las primeras luces del alba, norteamericanos, alemanes, japoneses y algun que otro britanico se acercan a la estacion de Wanchac en Cusco para vivir la aventura de un viaje en tren por la linea de pasajeros mas alta del mundo y tambien la mas plagada de leyendas. Un viaje excepcional rodeado del lujo y el “glamour” de la Belle Epoque , en unos coches “pullman” de los años 20 , minuciosamente remodelados por un equipo de artesanos peruanos dirigidos por el diseñador James Park, responsable entre otros proyectos de las elegantes y sofisticadas cabinas “first class” de la Singapur Airlines.


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A las ocho en punto de la mañana , la locomotora diesel Alco DL 560 que arrastra cuatro coches de primera clase , un coche cocina, y un espectacular coche salon al aire libre con bar incluido para poder disfrutar del paisaje al tiempo que saborear un “pisco sauer”, lanza su agudo pitido e inicia la marcha a traves de los 384 kilomteros que separan Cusco de Puno. Una ruta de altura en la que el azulado tren atraviesa las verdes y magicas colinas de la provincia cusqueña, cruza el altiplano y finaliza trayecto en el legendario Lago Titicaca .



Tan solo veinticinco kilometros separan Cusco de Oropeza, ciudad famosa por sus panaderias que desde primeras horas de la mañana trabajan a destajo para alimentar a los mas de 300.000 habitantes de la capital. El tren ha dejado atrás el rio Huatanay con sus riberas plagadas de sauces y eucaliptus , para atravesar encajonado el cauce del rio Vilcanota y llegar a la pequeña estacion de Rumicolca, donde un gran portico de piedra da pie a la primera leyenda de tan singular recorrido . La cultura Wari afirma que la gran portalada se utilizaba como acueducto para canalizar el agua desde la Laguna de Lucre hasta la ciudad amurallada de Pikillacta , mientras que para los indigenas , simplemente se trataba de una importante defensa al sur de la capital del imperio inca

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Ajeno a la cuestion, el tren prosigue su lenta marcha mientras los viajeros disfrutan comoda y placidamente del pintoresco paisaje salpicado por un buen numero de monumentales Iglesias coloniales construidas por los conquistadores para atraer a los indigenas a la religion cristiana . Destaca la de Andahuaylillas, mas conocida como la Capilla Sixtina de America ; aunque tambien merece una visita la colorista Iglesia de Huaro con interesantes pinturas murales que representan plasticamente la crudeza del infierno en aquella epoca 


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Y de la religion a la leyenda. A unas dos horas de viaje aparece un pequeño lago que da nombre a la ciudad de Urcos, para unos simple lugar de recreo o de fin de semana y para los màs, secreto lugar en el que los antaño caciques del imperio escondieron el ansiado tesoro de los incas ; toneladas y toneladas de oro que los conquistadores buscaron infructuosamente para dotar a sus Iglesias de toda clase de ornamentos sagrados .


Y mientras el tren traquetea por un duro carril casi centenario, aparecen las pequeñas comunidades de Cusipata, Checauoe, Raqchui y San Pedro, con restos precolombinos y el gran templo de Viracocha, anuncio de que el tren llega a Sicuani, una de las grandes estaciones del itinerario: un importante centro comercial donde aun se pueden ver grupos de mujeres “aymaras” con su tipico sombrero en forma de hongo transportando sus mercancias de un lado a otro de la ciudad a la espera de un comprador , y primera estacion del ultimo tramo construido de la linea Puno- Cusco, inaugurada oficialmente en l908. Aquí comienza el mitico Altiplano , un paraje azotado por el viento y la tierra quemada, un espacio infinito solo roto por algun que otro pastor con su cansino y lento caminar a traves de la interminable pradera tras su rebaño de apacible vicuñas o alpacas .



En el tren es la hora de la comida. Los viajeros se aprestan a degustar un exquisito menu compuesto de entrante, un plato de “fondo” como denominan los peruanos al segundo plato y un dulce y tipico postre del pais, servido por elegantes y amables camareros en vajilla de lujo y manteleria de hilo ; y todo ello regado con vinos tintos o blancos, champagne o mas “pisco sauer”, la bebida nacional por excelencia . Porque el tren dispone de una amplio coche- cocina para que el chef y un par de pinches, todos ellos excelentes conocedores de su oficio, colmen las apetencias gastronomicas de los viajeros mas exigentes.


Con el café aun humeante se llega al punto mas esperado de la ruta , La Raya, a 4.321 metros sobre el nivel del mar. Un lugar solitario y frio, donde la vista navega placidamente de la llanura al nevado horizonte ; y el respirar y pasear se convierte en toda una proeza para los arriesgados viajeros que descienden del coche-salon para comprar un recuerdo en el mercadillo ubicado a pie de tren o simplemente rezar una oracion en la preciosa y diminuta capilla situada en la soledad de tan sorprendente escenario andino.


En tan insolito lugar ,a mas de cuatro mil metros de altura ,se produce el “cruce” de trenes . Los musicos que han amenizado el viaje de ida se apean para deleitar a los viajeros que realizan el trayecto a la inversa, de Puno a Cusco . La marcha zigzagueante del convoy y el ruidoso crujir del cambio de agujas, alerta a los adormecidos viajeros de que el tren inicia el ultimo trecho de su recorrido; poco mas de ciento veinte kilometros de recta interminable a traves de un inmenso mar de hierba verde , dividido por la fria cinta gris de una desolada carretera por la que circulan mas bicicletas y carretas que coches y camiones .


Es tiempo de lectura, descanso, juego de cartas o simple contemplacion del paisaje, mientras las pequeñas estaciones - Santa Rosa, Chuquibam, Ayaviri , Pucara ... -pasan fugaces ante la inminente llegada a Juliaca, importante centro comercial y nudo ferroviario desde donde parte la linea a Arequipa .


En Juliaca el paso del tren es todo un acontecimiento, Cientos de tenderetes de un improvisado mercadillo se vuelcan sobre la via del ferrocarril en una febril actividad de compraventa. Durante los minutos que el tren atraviesa la ciudad cientos de personas se arremolinan a su paso con toda clase de mercancias e instrumentos musicales , una de las principales industrias del lugar. Las ventanillas del tren son literalmente asaltadas por brazos y manos que muestran toda clase de articulos y quincalleria en un intento desesperado para convencer al cansado y sorprendido viajero que compre tras el consabido regateo . Es el fin de fiesta popular y colorista a un viaje inolvidable por la via de pasajeros mas alta del mundo . Es el arribo a uno de los lugares mas misterioso, magico y maravilloso del mundo : El Gran Lago Titicaca . Final de viaje .




Texto: Mariano Palacin


Fotos: Montserrat Velasco