El futuro de Paradores Nacionales

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Pedro Sánchez propuso un día que los Paradores y su gestión fueran traspasados a los gobiernos regionales. Es una vieja aspiración de los independentistas catalanes y de los nacionalistas vascos. No digo que les copiara la idea o que quisiera dar satisfacción a los que le llevaron en volandas hasta el poder. Escribo que lo propuso, no que lo ha hecho.

Este mismo periódico le ha preguntado a los lectores –que suelen ser profesionales del sector turístico español e iberoamericano– si desean que Paradores continúe bajo el control del Gobierno o si, por el contrario, debería cederse a los ejecutivos autónomos. La respuesta ha sido abrumadora a favor de lo primero. Tiene su lógica.


Me apunto a la misma. Paradores Nacionales fueron creados cuando el ‘boom’ turístico español a finales de los años 60 para referir a propios y extraños la historia artística y monumental del país más viejo del mundo. La idea la plasmó, como todo el mundo sabe, el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, quien rápidamente puso el turbo y los Paradores –sobre la base de edificios singulares con ancestro monumental– florecieron como hongos por toda la geografía nacional. No hubo lugar en las Españas en donde sus autoridades no reclamaran un parador nacional.


Esta es a ‘grosso modo’ la historia de tan singulares hoteles. Otra cosa es que los distintos gobiernos de turno hayan utilizado la Red de Paradores –tan esenciales, por ejemplo, en destinos turísticos de interior– para colocar a paniaguados ignorantes acerca de qué cosa sea el negocio turístico


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MARCA ESPAÑA


No parece que transferir la mencionada Red de Paradores a las comunidades autónomas sea una buena idea en modo alguno. Entre otras cosas aplicando las llamadas “economías de escala” y visto lo comprobado en otras transferencias, lo ideal es que dependan de una autoridad de gestión “nacional”. Pueden negociar con proveedores a mejor precio globalmente considerados que unidad a unidad. Algo que va de suyo.


Los Paradores Nacionales son parte esencial de la llamada Marca España –ahora bajo el control pagano de la “negra” que ha escrito el libro del presidente del Gobierno– y que vende por sí solo lo que ha ocurrido en este país durante siglos.

Luego se acumularían otros argumentos. Por ejemplo, las restauraciones de esos edificios singulares que entran de lleno en la conservación histórica/artística de edificios que son patrimonio nacional.



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GENTE CAPAZ


Lo anterior no desmerece en absoluto a la hora de exigir que los gobiernos de turno coopten a sus gestores entre gente que sepan de qué va el negocio. No ha ocurrido, que yo sepa, en los tres últimos presidentes de Paradores. Ni el amigo de Rodríguez Zapatero, que eligió al paisano Miguel Martínez Fernández y que al final su gestión fue un desastre sin paliativos, no sin dejar múltiples sospechas.


Tampoco Mariano Rajoy acertó cuando eligió a la ex mujer de Rodrigo Rato, Angeles Alarcó, sin experiencia alguna al respecto, para gestionar tan singular número de hospederías turísticas de alto ‘standing’. Me lo dijo el entonces ministro de Industria, José Manuel Soria, que el nombre de la ex Rato le vino impuesto. ¿Resultado? De mal en peor.


Finalmente, Pedro Sánchez eligió a Óscar López, un dirigente político del que el presidente deseaba desprenderse, que conocía el sector tanto como si me pusieran a un servidor para oficiar de cardenal camarlengo. No parece que los resultados en la gestión de López vayan a tener que ser estudiados en Harvard Business School.


Argumentos ‘ad hominem’ a pie de página, lo sustancial es que Paradores Nacionales permanezcan y se mejoren. Y eso se garantiza mejor, visto lo comprobado, bajo el paraguas del Estado.