En el centenario de su nacimiento: MEMORIA DE JESÚS VASALLO

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A finales de los años setenta Martín Costa me invitó a adherirme a la Asociación Española de Escritores de Turismo que creo recordar presidía José Ignacio de Arrillaga y cuya representación en Barcelona ostentaba mi amigo. Era una entidad profesional modesta que llevaba una vida lánguida pero que trataba de aglutinar el esfuerzo de quienes se dedicaban -nos dedicábamos- a promover el turismo desde los medios de comunicación. Pocos años después, hubo una renovación en la Junta y asumió la presidencia Jesús Vasallo, hecho que significó un cambio verdaderamente copernicano en la vida de la AEDET.


Vasallo llegó a la AEDET recién jubilado y después de una azarosa, brillante y nómada peripecia profesional que le había llevado desde Zamora a Barcelona, pasando por La Coruña, Valencia, Huelva y Valladolid para acabar recalando en Madrid. En el transcurso de medio siglo de actividad periodística había sido de todo: redactor, redactor jefe y director y culminó como director técnico de la Prensa del Movimiento. Para los que no vivieron aquella época les recordaremos que la cadena periodística del partido único fue una de las empresas informativas más importantes que ha existido nunca en España tanto por el número de cabeceras y de profesionales a su servicio, como por su proyección geográfica, ya que estuvo presente en casi todas las capitales de provincia de nuestro país. Concebida como altavoz del régimen, acogió, sin embargo, generosamente y sin excesivas, o casi ninguna, servidumbre a jóvenes profesionales que velaron sus primeras armas en sus redacciones, muchos de los cuales tuvieron luego una exitosa carrera personal en otros medios y pagos ideológicos.


Le tocó, como a tantos otros funcionarios del franquismo, vivir y asumir la transición y, en su caso, proceder a la triste ceremonia de clausurar la cadena a la que había servido y que había perdido su razón de ser, pero que, pese a cuanto se ha dicho sobre su inviabilidad económica, dejó como recuerdo algunas cabeceras que siguen subsistiendo en la actualidad. Fue, al poco tiempo, elegido presidente de la AEDET y en esta tesitura tuvo que lidiar con otro tipo de profesionales y adquirir prácticas de trabajo más flexibles que la de su etapa anterior. Hay que decir en honor a la verdad que se fue acomodando con no poco sentido práctico y que de inmediato incorporó a su nueva tarea el dinamismo que le había caracterizado siempre.



La cansina vida de la antigua AEDET adquirió un nuevo y endiablado ritmo. Jesús organizó viajes dentro y fuera de España y se convirtió, por ejemplo, y con ayuda de Marité López, en eficaz promotor de renacimiento turístico de una Cuba que había permanecido hasta los años ochenta prácticamente aislada. De todo ello quedó constancia en la frenética publicación y/o emisión de incontables reportajes en toda suerte de medios y en una colección de libros que llevó el sello de la propia entidad que presidía.


Pero hizo más: en concordancia con la nueva estructura autonómica de España, transformó en la asamblea celebrada en el hotel Macarena de Sevilla la vieja AEDET en la moderna Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo, con la consiguiente creación de asociaciones territoriales y consiguió para España una brillante proyección internacional cuando logró ser elegido presidente la Federación Internacional (FIJET), en la que organizó brillantísimos congresos, como los celebrados en Cartagena de Indias y Estados Unidos.


En país como el nuestro tan proclive al olvido, no está de más evocar a quien, como Jesús Vasallo, dejó una impronta indiscutible en la vida periodística de España y muy particularmente un recuerdo imborrable -junto a la silenciosa compañía de su mujer Macuca- entre los periodistas y escritores de turismo que tuvimos el honor de conocerle y hasta de discutir en más de una ocasión con él.


Texto:Pablo-Ignacio de Dalmases