Cruceros: turismo invasivo y medio ambiente

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El lado oculto de los cruceros codigos secretos piratas y contaminacion


A medida que los cruceros se han convirtiendo en turismo de masas han empezado a salir a la luz las importantes consecuencias negativas que esta actividad conlleva


Un barco de crucero no es más que un hotel ambulante que navega en aguas internacionales y recala la mayor parte de los días en ciudades de reconocido prestigio turístico. A veces en vez de un hotel ambulante es en realidad una ciudad itinerante, como es el caso del mayor de ellos, el Symphony of the Seas de Royal Caribbean, que puede acoger a 6.780 cruceristas atendidos por 2.100 tripulantes. En total, cerca de nueve mil personas.


Dentro del sector turístico es, aparentemente, un pequeño segmento. 28 millones de pasajeros surcaron los mares, en 270 barcos, el pasado año, frente a 1.400 millones de turistas internacionales. Sin embargo, si profundizamos en las cifra observaríamos que serían cerca de doscientos millones de pernoctaciones y seiscientos millones de comidas. El gasto total ascendió a unos 60.000 millones de euros, más o menos similar al de los extranjeros en España. Desde esta perspectiva, el país de los cruceros sería uno de los primeros del mundo en ingresos.


La mitad de los cruceristas embarcan en puertos norteamericanos. Principalmente Miami y Fort Lauderdale y la otra mitad se distribuye por todo el mundo, con un papel determinante de los puertos españoles, especialmente Barcelona, que con tres millones de pasajeros el pasado año es el primero de Europa –un crucerista puede ser contado como dos pasajeros si embarca y desembarca en el mismo puerto–, seguida de Palma, con 1,6 millones.


En los primeros cincuenta años del negocio se dedicaron fundamentalmente a llevar a ricos jubilados americanos a visitar las paradisiacas y pobres islas caribeñas, con lo que gozaban de una magnífica imagen. A medida que se fue convirtiendo en turismo de masas han empezado a salir a la luz las importantes consecuencias negativas que esta actividad conlleva.

Algunos hechos recientes las han sacado a la luz. El choque en Venecia del MSC Opera con un pequeño buque, aunque sólo causó cuatro heridos leves, apareció en los medios como recordatorio de la intrusión de esos inmensos buques en la famosa bahía. A los pocos días muchos venecianos salieron en manifestación contra la invasión, mientras que la Unesco amenazaba con retirar a la ciudad su título de Patrimonio de la Humanidad si no impedía el tráfico de los mismos tan cerca de la zona protegida. En realidad, si nos fijamos sólo en las cifras, los cruceristas suponen sólo un siete por ciento de los treinta millones de turistas que visitan anualmente la “Serenissima“ pero se concentran en unas pocas horas del día y hacen un consumo escaso. El principal beneficiado es la autoridad portuaria, que obtiene un magnífico beneficio con esta actividad, y en la que el Ayuntamiento tiene una importante participación.


El segundo asunto, nos lo recordaba a comienzos de mes John Garper en el ‘Financial Times’, ha sido la aceptación de culpabilidad de Carnival, el mayor operador de cruceros de mundo, por el vertido al mar de aguas con fuel y de residuos de forma clandestina y continuada, por lo que han pagado veinte millones de dólares tras haber pagado otros cuarenta en 2027 por hechos similares.


Un estudio de la ONG Transport & Environment asegura que los 203 cruceros que operan en Europa emiten diez veces más gases cancerígenos que los 260 millones de automóviles que circulan por el continente. Y que, a pesar de las nuevas limitaciones que entrarán en vigor en 2020, limitando la emisión de sulfuro de dióxido los cruceros seguirán emitiendo más que los automóviles. En Europa sólo la costa de los mares Báltico y Nórdico está protegida contra esas emisiones, y España es uno de los países mas afectados.


Uno de los principales problemas es que el fuel que usan los cruceros no está gravado fiscalmente y que la directiva de 2003 sobre impuestos a la energía hace que sea más barato obtener la electricidad para el funcionamiento de los restaurantes y la diversión cuando el barco está en puerto quemando el fuel propio que usando energía provista por los puertos, que además, en general, carecen de la infraestructura necesaria para ofrecerlo.


Por supuesto, la industria está tomando medidas al respecto como la utilización de gas líquido, no contaminante, pero todavía incipiente, el uso de paneles solares o la mejora en la eliminación de dióxido de carbono.


Estos aspectos positivos son publicados anualmente en el ‘Informe sobre sostenibilidad medioambiental’ que realiza la eficaz CLIA-Cruise Line International Association, el ‘lobby’ que incluye las principales empresas de sector.


CLIA se suele centrar en el gasto que hacen los cruceros en los puertos, en impuestos, consumos para el barco y de los pasajeros en tierra, pero evita cifrar las llamadas externalidades negativas.


Como lo previsible es que este sector siga creciendo –24 nuevos barcos serán entregados este año–, se hace imprescindible realizar estudios sobre la capacidad de carga de los principales puertos y de los aspectos positivos y negativos de la actividad para que las autoridades competentes puedan tomar decisiones que vayan en favor de las poblaciones locales.



Texto: Ignacio Vasallo