Viajes a ninguna parte

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Los cómicos errantes que protagonizan la novela de Fernando Fernán Gomez (1985), “Viaje a ninguna parte” viajaban por necesidad sin importarles el destino. Paraban donde les contrataban.



Los nuevos viajeros, cuyo destino es el lugar de salida, lo hacen más bien “infectados por el virus de los viajes para el que no hay antídoto conocido “( Michael Palin de Monty Python, que además de actor y guionista es un reputado escritor de viajes ) y lo hacen felices, aunque obligados por las limitaciones de la pandemia.


La literatura está llena de citas que resaltan que lo importante es el viaje y no el destino, desde el lejano Lao Tzu , pasando por el “ astuto Ulises “ que tardó diez años en un viaje que debía durar una semana , hasta la más adecuada a esta nueva situación, la de Henry Miller : “ nuestro destino nunca es un lugar sino una nueva forma de ver la vida”.


Así es. Los que han sobrevolado lugares míticos a veces estaban dormidos y otras desinteresados. Ahora algunas compañías aéreas como Quantas y South African han tenido la brillante idea de poner en marcha los motores parados de sus aviones ofreciendo viajes a La Antártida, ida y vuelta, con paseo por el aire incluido ,para observar esa maravilla. El viaje se ameniza con menús especiales y recuerdos de la ocasión. Singapore Airlines inició viajes a ninguna parte pero tuvo que cancelarlos antes las protestas por contaminación.


Las ventajas son indudables. Se cumple la máxima “si deseas viajar rápido y lejos, viaja ligero “ . En realidad ni siquiera hace falta equipaje de mano, basta con la cámara del teléfono. No es necesario conocer el idioma local y es mucho más fácil hacer amigos por la proximidad.


La operación comercial les ha salido tan bien a los innovadores que ya tienen imitadores en otros campos. Royal Caribbean Internacional iniciará en noviembre cruceros a ninguna parte desde Singapur, con aforo reducido, limitado a singapurenses con pruebas negativas de covid.


Tambien en Singapur la compañía aérea local ha utilizado un Airbus A 380 varado en el aeropuerto de Changi como restaurante con los menús y platos que ofrecen en sus viajes intercontinentales.


Seguro que muchos mallorquines, barceloneses y venecianos estarían encantados si los días de saturación algunos barcos optaran por el paseo en el mar en vez de por el centro de la ciudad.



Texto: Ignacio Vasallo