Rapa da Bestas: “Pasión, tradición y orgullo”

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Caballeiros



Son las seis y media de la mañana de un soleado 5 de Julio en Sabucedo, pequeña aldea situada al sur del Concello de A Estrada en Pontevedra.


Aunque el pueblo cuenta con no más de 60 habitantes durante el año, en estas fechas se llena de personas que acuden desde distintos rincones del mundo para disfrutar de un espectáculo único, participativo como pocos y no carente de riesgo, La Rapa Das Bestas, considerada Fiesta de Interés Turístico Internacional.


Ya tan temprano, a las puertas de la Iglesia de San Lorenzo, se aglutinan tanto lugareños como forasteros con el único fin de asistir a la Misa de la Alboradacon la intención de pedir al santo que les acompañe en esta larga jornada de duras caminatas, caídas, apresuradas carreras y momentos llenos de emociones y nervios en un hábitat al que

no muchos están acostumbrados, el monte.


RAPA 1



Hoy es el día de la “Baixa”, así es como se conoce la reunión de los caballos salvajes que viven en libertad en los montes gallegos durante todo el año. Hoy se sube al Monte Montouto para reunir al mayor número de ejemplares posibles y trasladarlos a Sabucedo para su desparasitación y corte de crines, mejorando de esta forma las

condiciones higiénico sanitarias de los animales.


Unos suben a pie y otros muchos a caballo. Son muchos los grupos que se organizan y en ninguno de ellos te trataran como un forastero. Arriba eres uno más, el monte es muy grande y hace falta personal, pero tu esfuerzo se verá recompensado con palabras de animo y saludos por parte de todo el grupo cuando a galope ellas y corriendo

despavoridos vosotros, se consiga llevar a O´peon (lugar de reunión) un buen puñado de bestas.


La reunión de la manada se hace a pecho descubierto, solo con la ayuda de algún caballeiro que se encarga de perseguir a las que no están dispuestas a respetar el cerco.




Rapa 9



El método aunque sencillo, no deja de tener riesgo. El grupo se acerca a la manada y la rodea. Les cortan la salida poniéndose en medio y agitando las manos. Todo en un silencio casi sepulcral, para no molestar a los animales. Se va cerrando el cerco sobre ellas, despacio, muy despacito. Solo los gritos de: “¡Antxon cierra un poco!” o “¡caballeiro que no se escapen por ahí!”, rompen la tensa calma.



Ya son las seis de la tarde y se ha conseguido reunir 270 caballos, un número lo suficientemente importante como para estar contentos.


La bajada al pueblo es espectacular, los garañones cruzan riachuelos y senderos guiados perfectamente por los vecinos más expertos, ayudados por los visitantes que impiden cualquier intento de fuga en la manada. El ritmo del grupo es variable, tan pronto se frena, como se arrancan al galope o se enzarzan entre si para demostrar cual de ellos es

el más potente.


Por fin, casi llegando la noche, se les deja en un cercado muy cerca del Curro donde al día siguiente los aloitadores procederán a su desparasitación.


Curro



El sábado, el Curro, recinto adecuado para la Rapa, esta a reventar: 1.800 personas en la grada y 270 caballos salvajes en el Curro. Seguramente sea porque aquí se viven los momentos más espectaculares y peligrosos de toda la fiesta.


Los aloitadores son los encargados de enfrentarse a la besta y dominarla para que se la pueda atender en condiciones. Y lo hacen como en el monte,sin cuerdas ni varas, cuerpo a cuerpo. Solo la fuerza del aloitador, la experiencia y una depurada técnica aprendida desde pequeños, consiguen que no haya ningún altercado de importancia.


Rapa 14




Lo primero que se hace es sacar a los potros del Curro para que no se hagan daño y eso lo suelen hacer, aprendices de aloitadores de temprana edad, acompañados por los más avanzados para que aprendan y se pueda seguir con la tradición.


Derrochan valentía y muchas ganas. Durante un corto espacio de tiempo viven momentos tan emocionantes para ellos que no es difícil verlos llorar de rabia ó de alegría por haber conseguido sacarlo.


Rapa 18




Llega el plato fuerte, ahora si, ahora no hay medias tintas, ahora todo es verdad. Empieza la lucha. Los aloitadores divididos en grupos de tres analizan al caballo al que se van a enfrentar. Dos van separando a los que se interfieren entre el elegido y el aloitador que va a intentar la monta. Cuando menos te lo esperas el mozo salta a lomos de la besta y agarrado solo de las crines con una mano, intenta soportar los achuchones del equino mientras este corre de un lado a otro, chocando despavorido con todo lo que se cruza a su paso.



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En cuanto el animal da síntomas de cansancio otro aloitador se engancha a las crines delanteras y el que cabalga se baja a tierra y le engancha por el otro lado de la cabeza. Al mismo tiempo el tercer aloitador se aferra al rabo del garañón haciendo una serie de movimientos con intención de desequilibrarle.



Cuando el caballo está completamente tranquilo e inmovilizado se procede al corte de las crines y a su desparasitación.


Durante más de una hora se reproduce la misma acción, una y otra vez sin pausa ni descanso.


Rapa 4



Tres hombres frente a un caballo salvaje dispuestos a jugarse la vida por un sentimiento, una tradición y un respeto por los animales que no todos suelen entender.




Texto y Fotos: Tomás Jiménez Quintana