De New England a la pequeña Habana X

Cayo Largo. Bufé de mariscos y bufé de carnes. Cocina de vanguardia y el gran Versailles
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Con camareros del rodizio


Miami también es singular por su geografía; la gente se pasa el día cruzando puentes levadizos o fijos, atravesando islas o tierra firme, circulando por un ovillo de anchas autopistas que roza el aeropuerto o un embarcadero de yates. Lo ideal es sobrevolarla. O si es callejeando contar con Alfonso Velasco (305.945.9784-shuttle2gomiami@gmaiel.com), amable colombiano con empresa familiar de transfers y visitas a la ciudad. Un personaje. En España hizo cine con Marsillac, y con Esteso y Pajares La novia de mi padre. Nos mostró la casa, que fue de Julio Iglesias, pegada a la del que fuera propietario de la patente de la viagra. Con lo que nos quedó claro el misterio del cacareado récord amatorio. En Coconut Grove, zona de bellos chalés de arquitectura española, tomamos una copa en el mítico Biltmore, el hotel preferido de Al Capone; sonriente en una foto cuelga en el hall. Como si pretendiera capturar la Historia. Compartimos tour con un amigable abogado panameño, Gregorio Villarreal Valdés, y esposa, a quienes les enviamos un caluroso saludo. Una excursión fue a Cayo Largo; circulando sobre la estrecha e interminable franja de coral petrificado recordábamos la primera película del pequeño gran Bogart con una radiante jovencita llamada Lauren Bacal. Hasta que nos detuvimos en una idílica cala con pinturero restorán de madera: Morada Bay, paradisíaco beach club. Y nos deleitábamos viendo al paso los pueblecitos. Mas nos quedamos con las ganas de departir con sus gentes porque -dicen- son extrañas. Y almorzamos en el bufé de mariscos Whale Harbour por 36€, sin bebidas: nos pusimos morados de ostras y langostinos. Una forma de comer a precios razonables es el bufé; así que, siguiendo las indicaciones del también pico fino de Velasco, acudiríamos a uno de los mejores rodizios, Fogo de Chão Brazilian Steakhouse, elegante y bien surtido. 40€ sin postres ni bebidas.


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Morada Bay en Cayo Largo


Y estamos casi al final del viaje: La Pequeña Habana. Paseamos varias veces por la divertida calle 8, llena de bares, música en vivo, restoranes, tiendas, ajedrecistas... y por la extensa colonia de chalecitos, donde vive el cubano común, con rejas de hierro. En 1980, Fidel Castro, en un alarde de siniestro sarcasmo, abrió hospitales psiquiátricos y cárceles y facilitó la huída a Miami desde el puerto de Mariel; ciento veinticinco mil almas alcanzaron la ciudad, que se tornaría en plató del crimen, pues los feroces expresidiarios se convertirían en sicarios del "narco" colombiano. Pero saben los norteamericanos cómo liquidar estos asuntos: mandaron agentes del FBI y practicaron lo de "delación por reducción". Y a otra cosa mariposa.


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Arroz con pollo en Versailles



Y fue casi al final del largo e inolvidable viaje cuando descubriríamos una cocina pública moderna. Y fue Jorge Cabré, hijo de Alberto, presidente de la Academia de Gastronomía de Las Palmas, nuestro cicerone. El joven empresario nos invitó a cenar en el restorán Beaker & Gray, situado en pleno Wynwood, barrio que, de haber sido zona deprimida y hasta peligrosa, se han convertido en lugar de moda y donde se da plácet a los mejores grafiteros, con lo que se ha creado un inédito museo al aire libre, al tiempo que jóvenes ejecutivos adquieren pisos de nueva construcción. Degustamos una cocina novedosa, sin postureos y, si se quiere, elucubradora. De ahí que regresáramos con la idea de que en Miami está en marcha una revolución culinaria. Y en la Pequeña Habana haríamos nuestro último almuerzo. Sería en el Versailles, el mejor restorán cubano del mundo; distinguido con las visitas de varios presidentes del país, donde siempre hay cola para entrar. Incluso bajo ese calor inmisericorde. Se trata de una construcción de una planta; las mesas, de formica y los manteles de papel; la decoración, informal, se alegra con grandes ventanales y con la febril actividad del amable personal, todo cubano, que no para de correr cargado de bandejas con humeantes Arroz con pollo, Arroz congrí, Cola de toro estofada, Ropaviajea, frijoles,... Más de 20 camareros por turno, unos seis por jornada, hacen 13 millones de dólares al año. Y volvimos a la cerveza cubana Hatuey, pero hecha en Miami. Si mal no recordamos, fue el antropólogo cubano Fernando Ortiz quien escribió que Hatuey fue un cacique taíno que, atado a un poste y sobre un montón de leña a punto de ser prendida, gritó: "Si los españoles van al cielo, yo quiero ir". Después vendrían los salvapatrias criollos hasta que irrumpió "El Comandante" y su "Socialismo o muerte". Pero esta es otra Historia. 


Texto: Mario Hernández Bueno


Fotos: Tania Aguiar