Y de nuevo, Portugal

Marisquería Ramiro,el "Último Puerto" y cocina de vanguardia en un hotelito perdido en un rincón junto al mayor lago artificial de la UE
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Con la familia Delgado


Tras el regreso de EEUU cumpliríamos,de nuevo,con la llamada de André Quiroga. ¡Siempre Quiroga! Nuestro hombre en Lisboa, la capital que enamora. Y allí pasamos unos días antes de salir paraAlentejo; porque obviar el deambular por sus calles y callejuelas, plazas y barrios onocomer un bacalao en algún figón de cocina caserason pecados serios. Y capital seríael saltarse a Ramiro. Ramiro esla marisquería más popular del mundo: en ninguna otra,que conozcamos,hay que hacer cola en la calle. Siempre. Y se pueden ver lo mismo pacientes europeos que americanos.Y muchosojos rasgados.Y Pedro, que rige con mano firme el negocio,maneja con destreza las relaciones con sus ansiosos comensales y cobra precios españolesde hace años. Devoramos percebes, cañaillas y una langosta, sacada del vivero, de 1,5 kg. Y no cayó nada más porque respetamos lo que sentencia una sesuda sociedad gastronómica asturiana:"Barriga hubiera". Y rematamos en el Último Puerto, que es figón un tanto escondido y asan pescados y chocos a las brasas ¡Y las sardinas! ¡Las sardinas portuguesas! Amén de mismos lenguados, los lisboetas, que enganchados tenían en Yuste al tragaldabas del emperador Carlos.



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Sin palabras


Y marchamos felices hacia Alentejo; en concreto a las afuerasdel pueblecito de Mourão y a orillas del Alquera, el mayor lago artificial de Europa: 250 km2, con sus islas, playas, puertito deportivo y propia flora y fauna. Cumplimos con la invitación de los amigos Delgado a su hotel acabadito de estrenar, Herdade dos Delgado. Los Delgado son una familia magnífica: Antonio y Lurdes Delgado y sus hijos Ricardo, el subchef, y Pedro,que lleva la gestión. 24 habitaciones exclusivas y 3 suites-apartamentos que miran a ese "mar"situadoa escasos diez metros. Es"hotel boutique" de 4 estrellas, arquitectura vanguardista y vocación minimalista, que se despierta con la luz que traspasa los recurrentes ventanales y cristaleras. De ahí quese dispone de variadas vistas:"cuadros" del lago,el monte y, de noche,un cielo tapizado de astros. De hecho, los pocos cuadros que decoran las habitaciones son curiosas fotos de esa límpida ventana a un cielo privilegiado. Pero si lo que se quierees gozar de arte plástico, el hotel se postula como galería de arte y cuenta ya con pintores lusos como Ricardo Calero, Eugenio Ampudia, Mario Macilao... La zona de piscina es una gozada; intimista es el bar del aperitivo y relajante el spa...Antonio Delgado es un infatigable y meticulosos (muy portugués) empresario que hizo fortuna con una de las más famosas discotecas de Portugal: Bauhaus, en Cascais; y ahora, en el profundo Alentejo, apartado de todo ruido, ha puesto en manos de su familia esta "hacienda" (herdade) con la quealimentará alos cuerpos y las almas delos buscadores del relax total, los que aman a la Naturaleza, los del turismo náutico,los gastrónomos y los aficionados a la astronomía. La observación estelar, en presencia de acciones científicas, esotrode los atractivos.



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Paco Cruz con una de sus "esculturas gastronómicas"


Y el Orion, el restorán, pretendeserla plataforma promocional de la cocina y los vinos de Alentejo.Lo rige un joven cocinero, Carlos Galhardas, que factura una culinaria vanguardista asiéndose de recetas populares y empleando "productos endógenos".Como dicen allá.Una cocina que acopia tantoa limentosmediterráneos como ¡al fin!,sin temor: atlánticos. Porque, cansados estamos de oír"dieta mediterránea" y "cocina mediterránea" sin que sepan explicarlo.O el maniqueo con las dietas mediterránea y atlántica; de las que muchos no saben que pueden ser igual de saludables si se implementa la higiene alimentaria,que exige toda sociedad sedentaria.



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Guisantes con jamón y huevo en versión "acuarela". Hotel Herdade dos Delgado


Durante dos días gozamos con una Alta cocina en boga, que, como todo el hotel, rinde culto ala plástica. Una cocina difícil de ejecutar por aficionados o por las amas de casa, así ha sido históricamente: la Alta Cocina es cosa de profesionales con talento, técnica y, sobre todo, paladar. Hoy entusiasma, más que platos ampulosos con varias guarniciones y salsas contundentes, las "acuarelas o los oleos comestibles", que muchos afamados pintores quisieran para sí. Y, curiosamente, hemos descubierto artistas como nuestro viejo amigo, Paco Cruz, inquieto escultor y exprofesor de la Escuela Luján Pérez de Las Palmas de Gran Canaria, que hace "esculturas gastronómicas". Con lo quequeda roto, al fin, la aseveración de que la cocina no es arte.